Especimen: los caracteres del amor

Hace un tiempo que pienso bastante en el amor. También pienso que lo verdaderamente valiente hoy en día es animarse a sentir algo. Desear, decir, accionar, ¿cuántos lo hacen? ¿Cuántos se entregan por completo? En Sinceramente, Cristina, dice que si hay algo que extraña de Néstor es “tener una persona con quien hablar y discutir a fondo (…) lo que podía sentir y tener de esas conversaciones con él, nunca más lo volví a encontrar con nadie. Además de haber sido mi pareja y el padre de mis hijos, Néstor fue mi mejor amigo”. Esa idea tan simple y tan difícil de encontrar sobre la compañía me quedó dando vueltas. Eleonora Aldea Pardo, diseñadora chilena, escribe (y yo leo) sobre el amor en Especimen: “Una persona que te abre la mente, como cuando se terminan los trailers y la pantalla se expande antes que empiece la película. Una persona que admiras. No hay amor sin admiración. No del bueno, por lo menos. Porque uno crece cuando ama a alguien que admira. Uno busca ser mejor, aprender. Que el otro te respete, te mire hablar”. Entonces, vuelvo a pensar, a veces el amor sincero es simplemente eso: tener alguien con quien hablar.

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Crítica: Los miembros de la familia de Mateo Bendesky

El segundo film de Mateo Bendensky –producido por Agustina Corsa Vasti y Diego Dubcovsky– relata cómo dos hermanos de corta edad (Lucas es adolescente y Gilda está entrando en la vida adulta) llevan adelante el duelo por la muerte de su madre. Una madre bastante particular que, a esta altura, pareciera que todas las madres lo fueran. Los personajes se trasladan al Partido de la Costa para despedirse por última vez de su mamá y para hacerse cargo de aquello que ha dejado su progenitora en su hogar pero, en verdad, es para comenzar a hacerse cargo de ellos mismos.

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