“La memoria es un juego de tiempos”

La idea de un lago, el segundo largometraje de Milagros Mumenthaler (Abrir puertas y ventanas), tuvo su estreno en Argentina en el 31° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. El filme –protagonizado por Carla Crespo, Rosario Bléfari y Malena Moirón- está inspirado en el libro de poemas Pozo de aire, de Guadalupe Gaona,. Al finalizar la proyección en Paseo Aldrey el sábado 19 de noviembre, la directora respondió algunas preguntas ante Cecilia Barrionuevo, moderadora y programadora del festival.

La idea y el trabajo narrativo (comparación con Abrir puertas y ventanas):

Fue difícil filmar esta película, donde uno juega un poco más con los tiempos, con las narraciones. Hay algo que me vino muy de adentro de tener ganas de hacer algo con ese libro y fue tomando forma desde un impulso. Por suerte siempre hay gente que me apoya en esa búsqueda y fue un desafío de ver qué pasa. Es una película bastante distinta de la anterior. Hasta donde uno pueda hacer lo que quiera hacer y si le surge íntimamente me parece que es ideal.

En realidad me parece que ninguna película se puede filmar y pensar de la misma manera. En La idea de un lago, una de las temáticas más importantes es hablar de la memoria y cómo se representa. Y uno piensa la memoria, que es como un espacio donde encuentra varios elementos, obviamente el pasado pero también parte de un presente donde hay imágenes muchas veces de archivo, la imaginación, los cuentos, los deseos, las sensaciones. Hay muchos elementos que conforman lo que es la memoria. Entonces para mí era importante pensar en cómo nos metemos en la cabeza de Inés en ese presente, que tiene una necesidad de buscar respuestas y muchas veces las respuestas son como una sensación, un deseo de cuando era chica, un reencuentro con su padre, de escuchar los sonidos del bosque, que un juego se torne de repente más oscuro, más onírico. Intenté ser fiel a eso, cómo representar ese universo.

 

La ausencia del padre:

Para mí hay algo inconcluso en esa ausencia. Lo que intenté representar es que, justamente, si bien Inés logra encontrar momentos de paz y de reencuentro de alguna manera con esa imagen del padre, con lo que podría haber sido, es un lugar que igual está, es algo que después no sé si se cierra. Se ve por momentos mejor, por momentos peor. La película retrata un momento donde Inés tiene la necesidad de ir a buscar, y de zambullirse de vuelta en ese mundo de búsqueda digamos. Me parece que nunca se termina de cerrar del todo.

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Milagros Mumenthaler (directora)

El trabajo con los actores:

Con los actores principales hubo bastantes ensayos para encontrar el tono a las escenas. Cuando uno cuenta una historia de un personaje que tiene una vivencia tan difícil me parece que es importante contener, y encontrar el momento donde ella desborda más. Si se desborda en la primera escena después es como que ya está.

Con chicos generalmente nunca se ensaya mucho, más cuando son escenas bastante sencillas. Los chicos tienen una espontaneidad que conviene guardarse para el rodaje. Por ahí sí se hacen otro tipo de ejercicios con los chicos, se juega, uno arma encuentros pero que no es propio de ir a la escena puntual.

Y después hubo varias apariciones. Celeste Lerer trabajó en el Equipo Argentino de Antropología Forense; quería agradecerle por las charlas que tuvimos, por haber colaborado en la película y haberse prestado a actuar de ella misma en la película. Mi abuela, que con sus ochenta años se prestó por primera vez a actuar en la película. Después está el editor, gente que me interesaba que actúen un poco de ellos.

La película para mí si bien parte de un poemario este poemario cuenta una historia real y me interesó a través del casting mantener esa idea documental, que las personas que apareciesen fuesen reales y no que todas fueran un trabajo de interpretación.

 

El sur como locación:

En realidad puntualmente lo del sur tiene que ver con que toda la adaptación del libro son fotos en ese lugar y en esa casa. Nunca me pregunté “¿por qué el sur?”: tenía que ser ahí. Es verdad que la grandeza de la naturaleza del sur tiene algo, uno se deja ir un poco en ella y permite justamente que Inés pueda vivir de una manera particular esa ausencia del padre. Y hay algo también en los paisajes, algo atemporal que me interesaba. La conexión con la naturaleza fue la misma hace cien años, doscientos, y es la misma ahora y en un futuro va a ser la misma. Y la memoria es un poco eso, es como un juego de tiempos. Y me parecía importante jugar con la grandeza de la naturaleza.

 

La música:

Me gusta pensar la música en el cine como algo que construye y cuenta, más que como algo que viene a rellenar escenas que muchas veces no funcionan si no tienen música. Fran Gayo fue mi asesor musical en mis dos películas. Yo le digo qué es lo que me gustaría, un tema parecido y ahí él me propone y terminamos decidiendo.

 

El elemento lúdico:

Hay algo que es muy propio de una generación. La generación de mujeres de los ‘70, muchas veces luchadoras con ideales. Me parece que tenían algo muy fuerte, muy consciente de lo que significa educar a un chico, qué es lo que se les puede brindar. Siempre pensé en eso. Ella [el personaje que interpreta Rosario Bléfari] de alguna manera les dio espacios a los chicos justamente para jugar, para ser felices, más allá de la propia historia triste que tienen, no resumirlo a eso. En ese sentido me gustaría que sea un ejemplo de esa generación y rendir homenaje. Me parece que es una generación para sacarse el sombrero básicamente.

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